Le pintaste las uñas a la prima para una boda. Le encantaron. No te pagó.
Para la que ya pinta a la familia y quiere empezar a cobrar por hacerlo a domicilio. Sin pedir préstamo. Sin alquilar local. Y sin tener que esperar a tenerlo todo claro para dar el primer paso.
Y la cuñada de la prima te pidió las suyas.
Y le hiciste un precio ridículo porque no sabías cobrar.
Y la hermana de la cuñada te pidió las suyas también.
Y la vecina de la hermana.
A estas alturas llevas seis o siete sesiones regaladas. O casi.
Y la familia te dice "deberías cobrar". Y tú asientes.
Y no cobras.
Si llevas semanas pintándole a media familia, ya sabes que esto se te da, pero no sabes cómo dar el paso de regalar a cobrar, y no quieres montar salón porque no tienes ni dinero ni ganas de pedir préstamo, entonces sigue leyendo.
Porque hay miles de mujeres que estuvieron exactamente donde estás tú.
Y todas dieron el mismo paso.
Te cuento la de Airam.
Es venezolana.
Hace siete años llegó a Argentina sin nada.
Sin dinero. Sin contactos. Sin un plan más allá de buscarse la vida.
Empleos mal pagados. Turnos largos. Un sueldo que nunca alcanzaba.
Y la familia, en Venezuela, esperando.
Cada mes igual.
No te voy a contar las cosas que probó antes. Ya conoces el guion. Cuando llegas a un país nuevo y sin papeles, las opciones son las que son. Y ninguna paga lo suficiente para mandar nada a casa.
Hasta que un día aprendió a hacer uñas.
No por gusto. Por necesidad.
Empezó con familia. Después con vecinas. Después fue ella la que iba a casa de las clientas.
Sin local.
Sin máquinas que costaran lo que ella ganaba en un mes.
Solo pincel, acrílico y la mesa de la cocina de la clienta.
Cobró poco al principio. Después un poco más. Después un poco más.
Y un día las clientas dejaron de ser un favor.
Pasaron a ser un negocio.
Pasaron siete años.
Hoy Airam tiene un negocio próspero.
Y enseña a otras mujeres que están donde ella estuvo:
Empleadas que no llegan a fin de mes.
Madres que necesitan algo propio.
Latinas en países nuevos que quieren un ingreso sin tener que ir a una oficina cada mañana.
Tú podrías ser la siguiente.
Nueve módulos en vídeo HD. Acceso de por vida.
Y mientras lo lees, el descuento sigue puesto.
27 dólares.
Lo que cuesta una cena para dos un sábado.
Pagas una vez. Lo tienes para siempre.
Dentro está todo:
No es la decisión de tu vida.
Es lo que cuestan dos cafés a la semana durante un mes.
Es lo que ya regalaste a tu prima la última vez que le pintaste las uñas para la boda.
Solo que esta vez, en lugar de salirte del bolsillo, vuelve.
Con clienta.
Y si después de leer hasta aquí ves que este curso no es exactamente lo tuyo, hay dos cosas más en esta misma categoría.
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